¿Qué es el prolactinoma?

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Más frecuente en la mujer que en el hombre, el padecimiento se vuelve llamativo porque provoca la pérdida de la menstruación y, después, la salida de leche por las mamas en un tercio de las enfermas. Como sabemos, la glándula hipófisis se encuentra en la parte central del cerebro, y es el laboratorio del mismo.

Ahí se producen y regulan las más importantes hormonas de nuestro cuerpo: hormonas tiroideas, hormona del crecimiento, hormonas sexuales, prolactina, etc. Se divide la hipófisis en dos porciones: adenohipofisis y neurohipofisis , en cada una se producen diferentes hormonas. Los prolactinomas son tumores de la adenohipófisis productores de cantidades anormales de la hormona Prolactina (PRL), que aparece muy elevada en la sangre. Representan el 30 ó 40 por ciento de todos los adenomas de hipófisis, de los cuales, el 80 por ciento son en mujeres.

En la mujer, el cuadro clínico que produce es muy llamativo, ya que la hiperprolactinemia enseguida provoca en ellas la pérdida de la menstruación y, después, la salida de leche por las mamas en un tercio de las enfermas, bien de manera espontánea o a la expresión de las mismas. Es lo que llamamos síndrome de Amenorrea-Galactorrea (es decir, no hay menstruacion y salida de leche espontánea a través de sus pechos), con la infertilidad que ello conlleva. A esto se puede añadir la disminución del deseo sexual (líbido) y, a la larga, descalcificación de los huesos (osteoporosis) debido, al déficit crónico de estrógenos.

Esta falta de menstruación la lleva enseguida a consultar al médico, soliéndose hacer un diagnóstico precoz cuando el tumor es todavía muy pequeño (microadenoma), a veces de sólo unos milímetros de diámetro hasta el punto de que, en algunos casos, puede ser que no sea visible en la resonancia magnética, que es el mejor medio de diagnóstico visual del que disponemos hoy día en esta enfermedad. Y después del diagnóstico…

Ante el diagnóstico de Hiperprolactinemia, hemos de recordar tres cosas:

1. La Prolactina puede aumentar en la sangre debido a otras causas que no son un tumor de hipófisis. En estos casos, la Prolactina en la sangre no suele ser muy alta y en las pruebas radiológicas no se observa ninguna tumoración en la hipófisis.

2. Existen otros tumores de hipófisis que no son prolactinomas que, por su tamaño, interfieren con la llegada del factor que controla (inhibiéndola) la fabricación de PRL por parte de la adenohipófisis, bien sea por compresión del tallo hipofisario o por compresión del hipotálamo. En estos casos, el tumor es muy visible en la resonancia, pero los niveles de Prolactina en la sangre no son excesivamente altos: Sólo por encima de 200 nanogramos podemos asegurar que se trata de un Prolactinoma. Esto tiene trascendencia a la hora de decidir el tratamiento.

3. Cuando el laboratorio da unas cifras anormalmente altas de Prolactina en sangre y el paciente no tiene síntomas de hiperprolactinemia, ni existen indicios de la presencia de una lesión en la hipófisis en la resonancia magnética, hemos de pensar que estamos en presencia de una macroprolactinemia que debemos de confirmar con un análisis más específico

Esta macroprolactinemia, que se encuentra en un 20 por ciento de las personas que tienen la Prolactina alta en la sangre, no tiene trascendencia clínica y no necesita tratamiento. Por otro lado, es conveniente saber en el momento de plantear el manejo de estos tumores, que sólo una minoría de microadenomas productores de Prolactina (10 por ciento) muestran una tendencia a crecer y convertirse en Macroadenomas. Los macroadenomas, que por su tamaño ya han demostrado su propensión a crecer, pueden hacerlo con más rapidez durante un embarazo, especialmente durante el último trimestre del mismo, etapa en la que la hipófisis de modo natural aumenta de tamaño y fabrica cantidades crecientes de Prolactina para preparar la lactación del bebé. Este periodo es bastante peligroso para estos tumores.

Tratamiento El tratamiento de estos adenomas se basa en sustancias que tienen el efecto clínico del Factor Inhibidor de la Prolactina (PIF), es decir, frenan la producción del Prolactina por parte de la adenohipófisis y, lo que es más interesante, reducen el tamaño del tumor. A estas sustancias nos referimos genéricamente como dopaminérgicos. Se comienza con cantidades pequeñas que se van aumentando progresivamente hasta alcanzar una dosis adecuada para cada paciente.

La tolerancia es generalmente buena, pero pueden aparecer efectos secundarios como náuseas, vómitos, malestar general, mareo, congestión nasal, sequedad de boca, somnolencia, estreñimiento, dolor de cabeza, descensos de la tensión arterial y, otras veces, excitación y alucinaciones. Lo habitual es que si aparecen estos síntomas, sean leves y vayan remitiendo tras los primeros días del tratamiento, pero algunos enfermos son especialmente susceptibles a ellos y terminan por no tolerar la medicación. ^

Dr. Jesús Francisco Meza Sáinz.

Neurocirugía.

Centro Médico del Río y Torre Médica CIMA.

Tel/Fax: (662)259-9310, (662) 217-3513,

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